30 de abril de 2014

Recuerdos de un viaje a Marruecos (2009)

Las paredes azules y los colores de Chefchaouen
Animalillos diversos y nieve en el Bosque de Cedros de Azrou
La Garganta del Todra
Kilómetros y kilómetros de carretera en parajes insólitos
El valle de Ouarzazate 
La mejor estancia en el oasis de Jnane Dar Diafa (Tamegroute)
Atardecer en las Dunas de Tinfou
Paseos al atardecer en las puertas del desierto
Las puertas del Sahara 
Los tejados de Essaouira
Una excursión a Sidi-Kaouki
Vuelta a casa por Moulay Bousselham y la costa

Aunque siempre había querido cruzar el estrecho para conocer el continente africano, reconozco que Marruecos no era el territorio que más llamaba mi atención. Sin embargo, no fue preciso adentrarse demasiado, tan solo alcanzar la frontera de Ceuta, para que yo empezara a observarlo todo con un interés voraz, intenso, insaciable; intentando guardar en mi memoria cada rostro, cada paisaje, cada aroma y cada sonoridad (o cada silencio). 

Aquel viaje, cuya idea surgió con motivo de la muerte de mi abuela como un proyecto común de "luto" resolutivo, se convirtió para mí en una experiencia espiritual, una experiencia de descubrimiento y encuentro conmigo misma y con unas de las mujeres más importantes de mi vida, mi madre y mi tía, a través del duelo por la pérdida de otra de ellas, la madre de estas y, como ya he dicho, mi yaya. No obstante, esto fue algo de lo que no devine consciente hasta tiempo después, una vez descansada de la fatiga del viaje, y tras meditar acerca de la explosión de emociones y vivencias que me habían sumido en puro paroxismo existencial. Aquel viaje, que marcaba un final, tuvo para mí en buena medida ciertas consecuencias propias de lo que se suele llamar un "viaje iniciático". 

Marruecos me cautivó. Pasmada y fascinada con cada uno de los casi 3000 kilómetros de viaje, el exotismo y la diversidad de sus parajes me enamoró de un país en el que, por lo general, sus gentes tienen el don de hacerte sentir como en casa y donde la llamada a la oración resulta adictiva hasta el punto de extrañarla una vez de vuelta a la "realidad". No apto para personas demasiado escrupulosas, sobre todo según cómo viajes, Marruecos es una lección de humildad y sencillez, de vivir el presente y dejarse llevar. Y también, como siempre en cada viaje, un país que te enseña a valorar lo que uno tiene, y no tiene, y lo que uno es, y no es, mediante el reconocimiento y la estimación de lo que el "otro" es, y no es, y de lo que el "otro" tiene, y no tiene.

Mapa del recorrido


Y si has estado y quieres volver por unos minutos sin moverte del sitio, o si no has estado y quieres empezar a descubrirlo, este vídeo te ayudará en cualquiera de tus propósitos:


Hasta la próxima, 

Oihane.


Fotos por: Oihane Zuazua Mármol

15 de marzo de 2014

Cartas desde Lyon (VII)

"¡Cada una de esas vidas es verdadera! Cada camino es el camino verdadero. Todo podría haber sido otra cosa y habría tenido el mismo sentido."

Las vidas posibles de Mr.Nobody



Foto por: Oihane Zuazua Mármol
Caluire-Et-Cuire, Febrero 2014

3 de febrero de 2014

Cartas desde Lyon (VI)

La misión de mi renovada edad es sonreír. Intentar que el corazón sonría aunque al rostro le cueste reflejarlo de vez en cuando, aunque de vez en cuando existan razones y motivos por los que llorar; siempre existen pretextos por los que reír y por los que sentirse agraciada y agradecida. 

Estoy cansada de forzarme a escuchar canciones melancólicas para encontrar la inspiración que siempre se ausenta cuando las cosas me van bien, cuando opto por ser feliz aunque sea en una etapa de completa incertidumbre. Cansada también del desánimo y la apatía que produce el ver caras serias cada mañana en el metro; rostros inexpresivos, adustos y secos que invaden las calles a causa de una monotonía normalizada que resulta abrumadora. 

Decidida a pasar, como me decía una amiga hace poco, del conformismo al inconformismo; decidida a mirarlo todo con otros ojos y a sonreírle a la vida, que siempre da tanto. 







12 de diciembre de 2013

Cartas desde Lyon (IV)

Cállate y subamos al quinto piso en ascensor para después tener que descender andando al cuarto. 
Bebamos las cervezas suficientes para tener que marcar el código del portal más de una vez, y así hacer más deseada la llegada a tu morada. 
Consigue, no sé mediante qué artimañas, que el gato me esté observando en la mitad del pasillo que lleva directo a tu habitación, para que así tengamos que dar la vuelta y pasar por la cocina. 
Siéntate en el destartalado sofá a fumarte la colilla que tú aún crees que es cigarro, esa que ha sido abandonada en el cenicero común que está al lado de una mitad de limón que alguno de vosotros exprimió hasta dejarlo sin pulpa. 
Mírame fijamente e,irritado porque he vuelto a inquirir Quoi?, quéjate justo al mismo tiempo en que yo me excuso por haber formulado la pregunta. 
Y, sin más, levántate e invítame a pasar a tu aposento donde, inevitablemente, terminaré despertándome demasiado temprano porque las cortinas que no tienen nada que esconder no evitan que entre la luz del día.




Foto por: René Gröebli
Obtenida en Cultura Inquieta

19 de noviembre de 2013

Cartas desde Lyon (III)

Las obligaciones me llaman casi a gritos y, sin embargo, yo solo pienso en evadirme observando las imágenes de lo que se ha convertido en una nueva obsesión. Una obsesión que me resulta dulce a la par que nostálgica y elegante a la par que ordinaria. Fotografías de puertas y ventanas que hacen que mi imaginación se desate, trasladando mi espíritu a vidas paralelas, a lugares desconocidos, a sentimientos inciertos. 

Una obsesión que, aunque en apariencia puede tener consecuencias un tanto amargas, no es más que la encarnación o el reflejo del gozo que invade esta nueva etapa de mi vida. Etapa en que inevitablemente me toca cerrar algunas puertas con la esperanza (y verdaderas ganas) de abrir alguna ventana. O como decía la canción, "vamos abriendo puertas y vamos cerrando heridas". 














Fotos: Oihane Zuazua Mármol 
Saint-Romain-au-Mont-d'Or

27 de octubre de 2013

Experiencias ferroviarias

Ya lo dice en una de sus canciones Carmen París, una gran artista que siempre ha estado presente en mi vida desde que tengo recuerdo (aunque esa es otra historia), "cuando sales de tu casa, el universo conspira por ti". 

Posiblemente el universo conspire por nosotros cada día; posiblemente cada día todos tengamos un motivo por el que sorprendernos de la vida y también por el que sonreír, aunque solo sea vivir, que para mí lo es todo. A veces, el universo conspira de manera sutil y, otras veces, te estampa la conspiración en la cara. Ayer fue para mí uno de estos días en que la conspiración era, cuanto menos, obvia. Y yo, decidí vivirla en vez de obviarla. 

No podía estarse quieto. La primera vez que lo vi, hacía el mono en el tren, en un compartimento vacío en el que dejé mi maleta por un instante. No obstante, al comprobar que en el compartimento contiguo había espacio para mi maleta, fui a buscarla y me trasladé. Él hizo lo mismo y se sentó justo delante. El resto de la historia solo la conoceremos él y yo, pero ayer tuve que agradecerle al universo que convirtiese un trayecto que hubiese sido realmente aburrido en el encuentro de dos personas con ganas de hablar, de conocer y de conocerse. Y, además, de iluminar dicha experiencia con un gran atardecer. Cositas In-solitas.



Foto: Oihane Zuazua Mármol, 26/10/2013
Tren Toulouse-Bayonne-Hendaye

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